En las remotas alturas del norte argentino, donde el aire es escaso y la luz tiene una calidad que no existe en otro lugar, los criadores de llamas siguen ritmos estacionales que no han cambiado en siglos. Los animales se mueven libremente por territorios vastos. La fibra que llevan se recoge sin daño, se hila a mano en comunidades que no tienen otra palabra para lo que hacen — es simplemente como viven.
Lo que hace extraordinaria a la fibra de llama es lo que no necesita. Sin tinte, sin tratamiento sintético, sin proceso industrial. Es naturalmente suave al tacto, naturalmente liviana en la mano, y naturalmente cálida sin peso. Repele la humedad y resiste las manchas. Respira. Estas no son afirmaciones de marketing — son propiedades que evolucionaron durante milenios en uno de los climas más extremos del planeta.
Roble es el vellón natural de las llamas de tonos cálidos — un marrón rico y profundo con matices rojizos que varía levemente según la luz. Es el color de la corteza y la madera trabajada, terroso sin ser pesado. En un ambiente, Roble ancla sin oscurecer — aporta profundidad a espacios construidos alrededor de materiales naturales: piedra, lino, madera clara, yeso crudo.
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